Ilustración de tuput
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Chandragupta Maurya fundó el imperio maurya hacia el 322 a. C. y recibió de Seleuco Nicátor las tierras del Indo, a cambio de lo cual Seleuco se llevó 500 elefantes. Lo que se conserva sobre él procede de escritores griegos y romanos, una crónica budista de Sri Lanka, la tradición jaina y el libro de un embajador que solo se conoce por citas. Patrick Olivelle fecha el Arthashastra, atribuido desde antiguo a su ministro Chanakya, entre los años 175 y 300 d. C. en su forma conservada, y Mookerji data hacia el 600 d. C. la inscripción más antigua en que se apoya el relato jaina de su muerte como monje.
El 28 de febrero de 1793, Sir William Jones, presidente de la Sociedad Asiática de Bengala, pronunció el décimo discurso anual de la sociedad. Hacia el final se refirió a “un descubrimiento que el azar puso en mi camino.” Escritores griegos habían descrito a un rey indio al que llamaban Sandracottus, que gobernaba desde una ciudad que llamaban Palibothra, a orillas de un río que llamaban Erannoboas, y que había hecho un tratado con Seleuco Nicátor. Nadie había establecido a qué nombres indios correspondían. Jones había encontrado, en un libro sánscrito que consideraba de casi dos mil años, que el río Hiranyabahu era otro nombre del Sona, que los griegos habían convertido en Erannoboas.
Del río pasó al rey. Chandragupta se había elevado “de aventurero militar” a soberano del Hindustán superior y había fijado su capital en Pataliputra, dijo Jones, y “no era otro que aquel mismo Sandracottus que concluyó un tratado con Seleuco Nicátor.”
J. W. McCrindle, que tradujo los fragmentos de Megástenes en 1877, escribió que la identificación enlazaba la literatura griega con la sánscrita y proporcionaba así “por primera vez una fecha a la historia antigua de India, que no tenía un solo hito cronológico propio.” Su nieto Ashoka tiene un artículo propio en tuput. Este se queda con el fundador y con las fuentes que cuentan su historia, casi todas escritas por extranjeros o por manos posteriores.
Quinientos elefantes, cuatro relatos
Estrabón describe unas tierras a lo largo del Indo que los indios poseían aunque antes habían pertenecido a los persas. En la traducción de H. L. Jones para la Loeb, Alejandro “se las quitó a los arianos y fundó en ellas asentamientos propios, pero Seleuco Nicátor se las dio a Sandrocotto, en condiciones de parentesco por matrimonio y de recibir a cambio quinientos elefantes.”
Apiano, en la traducción de M. M. Austin en Livius.org, dice que Seleuco “cruzó el Indo y guerreó con Sandracotto, rey de los indios de aquella región, y al final concertó con él amistad y una alianza matrimonial.” Una nota editorial de esa página fecha la paz en el 304 a. C. y dice que Seleuco “cedió todas las tierras al este del Hindu Kush y recibió muchos elefantes de guerra.”
Plutarco, en la traducción de Bernadotte Perrin de la Vida de Alejandro, dice que Androcotto “hizo a Seleuco un regalo de quinientos elefantes.” Justino, al resumir la historia perdida de Pompeyo Trogo en la traducción de J. S. Watson, dice que Seleuco, “tras hacer una alianza con él y arreglar sus asuntos en oriente, partió para unirse a la guerra contra Antígono.”
Los cuatro discrepan sobre qué clase de trato fue. Estrabón habla de un intercambio con un vínculo matrimonial, Apiano de una amistad y alianza matrimonial, Plutarco de un regalo y Justino de una alianza. Ninguno conserva el texto de un tratado, y nada en ellos decide si el “intercambio” de Estrabón o el “regalo” de Plutarco se acerca más a los términos.
La guerra a la que Seleuco fue a unirse terminó en Ipsos en el 301 a. C., según la cronología de Livius.org. En la Vida de Demetrio de Perrin, Plutarco da a Antígono setenta y cinco elefantes y a sus adversarios cuatrocientos, y dice que los elefantes enemigos separaron a Demetrio de su propia infantería. No dice de dónde salieron.
Un mozalbete que vio a Alejandro
En septiembre del 326 a. C., según una nota en la traducción de Perrin, el ejército de Alejandro llegó al río Hifasis, el actual Beas en el Punyab, y se negó a seguir. Plutarco dice que los soldados habían sabido que los reyes de los ganderitas y los praesios los esperaban más allá del Ganges con “ochenta mil jinetes, doscientos mil infantes, ocho mil carros y seis mil elefantes de guerra.” Diodoro Sículo, en la traducción de C. Bradford Welles para la Loeb, da al mismo rey, al que llama Xandrames, veinte mil jinetes, doscientos mil infantes, dos mil carros y cuatro mil elefantes. Los dos escritores solo coinciden en la infantería.
Diodoro dice que el ejército había pasado “casi ocho años entre fatigas y peligros,” y que el discurso preparado de Alejandro fracasó: “los macedonios no lo aceptaron, y él abandonó la empresa.” Antes, dice, Alejandro preguntó a Poro, el rey indio al que había derrotado, si los informes eran ciertos. Poro confirmó el resto, “pero que el rey de los gandáridas era un personaje completamente vulgar y sin distinción, y se suponía que era hijo de un barbero.”
Plutarco añade entonces una línea sobre el joven Chandragupta: “Androcotto, cuando era un mozalbete, vio al propio Alejandro, y se nos cuenta que decía a menudo en tiempos posteriores que Alejandro estuvo a punto de hacerse dueño del país, puesto que su rey era odiado y despreciado por su bajeza y su origen humilde.” Las palabras “se nos cuenta” lo marcan como habladuría.
El relato de Justino es hostil. En la traducción de Watson, la India tras la muerte de Alejandro había “sacudido, por así decir, el yugo de la servidumbre de su cuello, y dado muerte a sus gobernadores,” y Sandrocotto era “el autor de esta liberación” que después “convirtió su apariencia de libertad en esclavitud.” Justino dice que el joven ofendió a Alejandro “por la audacia de su lengua” y escapó a una orden de matarlo “por la ligereza de sus pies.” Un león le lamió el sudor mientras dormía y, movido por ese presagio, “reunió una banda de bandoleros e instó a los indios a apoyar su nueva soberanía.” Más tarde un elefante salvaje lo tomó sobre su lomo. El león y el elefante son portentos, y ninguno de los demás relatos usados aquí los repite.
El último rey nanda y las fechas
El Mahavamsa, una crónica en pali de Sri Lanka atribuida a Mahanama en el siglo V d. C., lo cuenta en pocas líneas. En la traducción de Wilhelm Geiger de 1912, “el brahmán Canakka” ungió a “un glorioso joven, conocido por el nombre de Candagutta, como rey de toda Jambudipa, nacido de un noble clan, los Moriyas, cuando, lleno de amargo odio, había matado al noveno (Nanda) Dhanananda.” Jambudipa es el nombre que da la crónica a la tierra india. “Veinticuatro años reinó,” continúa, “y su hijo Bindusara reinó veintiocho.”
Radhakumud Mookerji, en su estudio de 1943 Chandragupta Maurya and His Times, cuenta que F. W. Thomas leyó el Agrammes del historiador romano Curcio, y el Xandrames de Diodoro, como el último rey nanda, Dhana Nanda. Un origen humilde de los Nanda aparece también en las tradiciones brahmánica y jaina, dice Mookerji, aunque la tradición budista no se lo atribuye.
Mookerji situó la subida al trono de Chandragupta en el 322 a. C. Razonó que los generales que se repartieron el imperio de Alejandro en Triparadiso en el 321 dejaron fuera del reparto la India al este del Indo, lo que para él significaba que Chandragupta ya se había hecho gobernante del Punyab y de Magadha. La entrada de referencia de EBSCO sobre Kautilya da su reinado como de hacia el 321 a hacia el 298 a. C. La fecha final se sigue de los 24 años, una cifra que según Geiger comparten las tradiciones de Sri Lanka y de India.
Las historias detalladas de Chanakya burlando a los Nanda proceden de literatura posterior. La más conocida es la obra de teatro en sánscrito Mudrarakshasa, de Vishakhadatta, a quien la entrada de EBSCO sitúa en el siglo IV d. C. o después. Richard Davis, al reseñar la traducción del Arthashastra de Patrick Olivelle, lo llama dramaturgo de la época gupta. Eso coloca la obra más de seis siglos después de Chandragupta.
El embajador en Pataliputra
Seleuco envió un embajador a la corte de Chandragupta. En la traducción de McCrindle, Arriano describe a Megástenes como un hombre que “vivió con Siburtios, el sátrapa de Aracosia, y que, como él mismo nos cuenta, visitó a menudo a Sandrakottos, el rey de los indios.”
El libro de Megástenes sobre India, la Indica, está perdido. McCrindle dice que fue “tantas veces resumido y citado por los escritores antiguos” que su contenido es bastante bien conocido. Estrabón, al citarlo en la traducción de McCrindle, describe Palibothra como “una ciudad de ochenta estadios de largo y quince de ancho,” “rodeada por una muralla de madera, atravesada por troneras para disparar flechas,” con un foso delante “para la defensa y para recibir las aguas residuales de la ciudad.” La nota de McCrindle toma el estadio como unas 202 yardas, lo que da a la ciudad unas nueve millas de largo y menos de dos de ancho. Arriano, que también lo cita, fija el foso en seiscientos pies de ancho y treinta codos de hondo, y dice que la muralla “estaba coronada por 570 torres y tenía sesenta y cuatro puertas.”
El mismo fragmento de Estrabón describe cómo funcionaba el Estado, tal como lo vio Megástenes. Unos funcionarios medían la tierra, inspeccionaban las compuertas que dejaban pasar el agua de los canales principales a sus ramales, cobraban impuestos y construían caminos, y colocaban “cada diez estadios” un pilar “para señalar los caminos secundarios y las distancias.” La propia ciudad estaba gobernada por seis cuerpos de cinco hombres cada uno. El segundo atendía “el alojamiento de los extranjeros,” les asignaba hospedaje, los escoltaba fuera del país y, si alguno moría, enviaba sus bienes a sus parientes. El tercero registraba nacimientos y muertes. El sexto cobraba una décima parte del precio de las mercancías vendidas, y “el fraude en el pago de este impuesto se castiga con la muerte.” El ejército tenía una junta de la misma forma, seis divisiones de cinco, una para cada uno de estos: la flota, los carros de provisiones, la infantería, la caballería, los carros de guerra y los elefantes.
Dónde se puede comprobar al embajador
La muralla de madera es un punto en que el texto se encuentra con el suelo. McCrindle imprimió el informe de un amigo que inspeccionó una excavación en el distrito de Sheikh Mithia Ghari, en Patna, en la estación fría de 1876. Unos obreros que cavaban un estanque, a doce o quince pies bajo la superficie pantanosa, hallaron parte de una larga muralla de ladrillo y, cerca de ella y en paralelo, una hilera de empalizadas hechas de recio madero. McCrindle tomó el hallazgo por la muralla de madera que describió Megástenes, y por prueba de que la antigua ciudad yace a gran profundidad bajo la Patna moderna.
Otras partes de la Indica no pueden comprobarse así. Los fragmentos que reunió McCrindle incluyen una sección sobre hormigas que cavan oro y una división del pueblo indio en siete clases. McCrindle cita una nota del historiador J. T. Wheeler según la cual Heródoto había dividido a los egipcios en siete castas, “y Megástenes pudo por tanto dar por supuesto que había siete castas en India.”
Seiscientos mil hombres y un gobernador en Girnar
Plutarco dice que Androcotto “con un ejército de seiscientos mil hombres recorrió y sometió toda India.” La lista de pueblos indios de Plinio el Viejo, en la colección de McCrindle, dice que el rey de los prasios “tiene a sueldo un ejército permanente de 600.000 soldados de infantería, 30.000 de caballería y 9.000 elefantes.” Es el triple de los 200.000 de infantería que Diodoro y Plutarco dieron al rey nanda. Ambas cifras son informes desde fuera de India. No hallamos nada procedente de India que confirme ninguna de las dos, y no podemos saber si los dos escritores son independientes entre sí.
La prueba desde dentro de India es una inscripción. F. Kielhorn publicó en la Epigraphia Indica la inscripción rupestre de Junagadh del Mahakshatrapa, o gran sátrapa, Rudradaman, y la fechó hacia 151 o 152 d. C. Registra la reparación del lago Sudarsana en Girinagara, la antigua Junagadh, después de que una tormenta e inundaciones abrieran una brecha en su dique y “toda el agua escapara” por una brecha de cuatrocientos veinte codos de largo y setenta y cinco de hondo. Su única frase sobre la historia anterior del lago, en la traducción de Kielhorn, dice que “lo mandó hacer el vaisya Pushyagupta, gobernador provincial del rey maurya Chandragupta.” Kielhorn añade que el lago fue mejorado bajo Ashoka por un rey yavana (griego), Tushaspha, que gobernaba el distrito para él. El texto es unos cuatro siglos y medio más joven que el reinado que describe, y sitúa a un gobernador maurya en Guyarat.
Hasta dónde llegó el imperio por el sur es más difícil de decir. El Edicto Rupestre 2 de Ashoka, en la traducción de S. Dhammika, enumera “los pueblos más allá de las fronteras, los cholas, los pandyas, los satiyaputras, los keralaputras, hasta Tamraparni y donde gobierna el rey griego Antíoco.” En el Edicto Rupestre 13 Ashoka dice que la conquista por el dhamma se ha logrado “incluso a seiscientos yojanas de distancia, donde gobierna el rey griego Antíoco,” y la nota editorial lo identifica como Antíoco II Teos del imperio seléucida.
Un manual de gobierno con fecha discutida
El Arthashastra es un manual de realeza y gobierno atribuido a Kautilya, a quien la literatura posterior identifica con Chanakya. Davis escribe que la obra fue citada ampliamente hasta principios del siglo VIII d. C., luego cayó en desuso desde el IX, y “reapareció hacia 1905,” cuando surgió un único manuscrito en Tanjore y Rudrapatna Shamasastry lo publicó desde la Biblioteca Oriental del Gobierno de Mysore.
En el texto modernizado de la segunda edición de Shamasastry (1923) en el sitio de Hanover College, el deber del rey dice: “En la felicidad de sus súbditos está su felicidad; en su bienestar su bienestar; lo que le agrade a él mismo no lo considerará bueno, sino que considerará bueno lo que agrade a sus súbditos.” Advierte de que un rey que “se hace inaccesible a su pueblo” “engendrará confusión en los asuntos y causará con ello el descontento público.” También gradúa los castigos según la casta: hacer comer a un brahmán un alimento prohibido merece “la multa más alta,” un grado de multa, y para un shudra “una multa de 54 panas.”
Si algo de eso describe el gobierno de Chandragupta es lo que se discute. Mookerji, escribiendo en 1943, cita a F. W. Thomas en que la fecha de la obra “cae claramente dentro del período maurya o cerca de él,” una opinión que según él habían sostenido Vincent Smith, Hermann Jacobi y K. P. Jayaswal, y la sigue. Davis dice que Kangle mantuvo esa posición, pero que la identificación de Kautilya con Chanakya “ha sido sustancialmente refutada por la investigación posterior.” Olivelle, según lo resume Davis, encuentra tres fases: un texto temprano de expertos de mediados del siglo I a. C., una recensión de Kautilya de 50 a 125 d. C. y una recensión shástrica de 175 a 300 d. C., que es la versión conservada. Mark McClish, en su propio resumen de su libro de Cambridge de 2019, sostiene “que el texto conservado es una redacción del siglo III d. C. de un tratado escrito unos siglos antes.”
Olivelle propone además, dice Davis, que Chanakya fue una persona real y que el vínculo entre él y el autor Kautilya se estableció solo en época gupta, como una de las formas en que los Gupta se presentaron como herederos de los Maurya. Los Gupta gobernaron unos siete siglos después de Chandragupta Maurya. Su Chandragupta II levantó el pilar de hierro de Delhi, y la edad de oro gupta tiene su propio artículo en tuput. Ninguna de las reglas citadas arriba se atribuye aquí al propio Chandragupta Maurya.
El relato jaina de su final
La tradición jaina digambara dice que Chandragupta renunció al trono en favor de su hijo y se hizo discípulo del maestro Bhadrabahu. Mookerji expone las fuentes. Las versiones literarias son el Brihatkathakosha de Harishena, fechado en 931 d. C., el Bhadrabahu-charita de Ratnanandi, de hacia 1450, el Munivamsabhyudaya en kannada, de hacia 1680, y la Rajavali-kathe, también en kannada. Coinciden en que una hambruna en Bihar llevó a Bhadrabahu y a la comunidad jaina hacia el sur, que Chandragupta lo siguió como discípulo principal a Shravanabelagola, en Karnataka, y que vivió allí como asceta durante algunos años antes de morir de inanición voluntaria al modo jaina.
Mookerji añade la prueba local. Una colina menor de Shravanabelagola se llama Chandragiri, y en ella se alzan una cueva que lleva el nombre de Bhadrabahu y un templo llamado el basti de Chandragupta, cuya celosía de piedra perforada lleva escenas esculpidas de las vidas de Bhadrabahu y Chandragupta. La inscripción más antigua, de hacia 600 d. C., enlaza “la pareja (yugma), Bhadrabahu junto con Chandragupta Muni.”
El argumento a favor de la tradición, tal como lo da Mookerji, es que Vincent Smith veía en la tradición jaina la única explicación de que un rey que debía de tener menos de cincuenta años desapareciera del registro. Rice, que editó las inscripciones de Shravanabelagola para el Servicio Arqueológico de Mysore en 1889, pensaba que la primera inscripción recogía sucesos reales de hacia el 297 a. C. y que su Chandragupta era el emperador maurya. Su resumen hace que Bhadrabahu predijera una hambruna de doce años, condujera a la comunidad hacia el sur y muriera en la colina menor con un solo discípulo, y describe a Chandragupta como “se dice que fue su discípulo.” En esa lectura es Bhadrabahu, no Chandragupta, quien muere allí. La muerte de Chandragupta en la colina procede de las versiones literarias posteriores.
Otros lo pusieron en duda. Mookerji registra que Fleet no creía en la tradición y leía el Bhadrabahu de la primera inscripción como un Bhadrabahu posterior que llegó a jefe de la comunidad en el 53 a. C., con un discípulo llamado Guptigupta cuyo nombre se había confundido con el de Chandragupta. Mookerji fecha la inscripción más antigua hacia el 600 d. C., unos 900 años después del reinado, y el propio Rice admitió un margen de hacia el 250 a. C. a hacia el 650 d. C. para la fecha en que fue grabada. La Rajavali-kathe en que se apoyó Rice para la vida de Bhadrabahu se redactó a principios del siglo XIX, en kannada sobre hojas de palma, para una dama de la familia real de Mysore llamada Deviramma.
Fuentes y lecturas adicionales
- Appian, Syrian Wars (the career of Seleucus), translated by M. M. Austin, Livius.org
- Strabo, Geography 15.2.9, translated by H. L. Jones (Loeb Classical Library, 1932), LacusCurtius, University of Chicago
- Plutarch, Life of Alexander 62, translated by Bernadotte Perrin (Loeb Classical Library, 1919), Perseids
- Plutarch, Life of Demetrius 28 and 29 (the battle of Ipsus), translated by Bernadotte Perrin, LacusCurtius
- Justin, Epitome of the Philippic History of Pompeius Trogus, Book 15, translated by J. S. Watson (1853), Attalus.org
- Diodorus Siculus, Library of History 17.93 to 17.95, translated by C. Bradford Welles (Loeb Classical Library), LacusCurtius
- Livius.org: Seleucus I Nicator, chronology
- J. W. McCrindle, Ancient India as Described by Megasthenes and Arrian (1877), Internet Archive
- Wilhelm Geiger (translator), The Mahavamsa, or the Great Chronicle of Ceylon (Pali Text Society, 1912), Internet Archive
- William Jones, Tenth Anniversary Discourse, 28 February 1793, in The Works of Sir William Jones, vol. 1 (1799), Internet Archive
- R. K. Mookerji, Chandragupta Maurya and His Times (1943), Internet Archive
- F. Kielhorn, Junagadh Inscription of Rudradaman, Epigraphia Indica, vol. 8, no. 6, Jainqq.org text
- S. Dhammika (translator), Ashoka's Rock Edicts, Livius.org
- Kautilya, Arthashastra, translated by R. Shamasastry, 2nd edition (1923), excerpts at Hanover College
- Richard Davis, review of Patrick Olivelle, King, Governance, and Law in Ancient India (Oxford University Press, 2013), H-Asia, April 2015
- Mark McClish, announcement of The History of the Arthasastra (Cambridge University Press, 2019), Indology list
- EBSCO Research Starters: Kautilya
- B. Lewis Rice, Inscriptions at Sravana Belgola, a Chief Seat of the Jains (Archaeological Survey of Mysore, 1889), Internet Archive
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